Cambiar de golpe y porrazo

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Por: Arq. Ana Laura Mena García

“Como fuerza social, un individuo con una idea vale por noventa y nueve con un solo interés”


John Stuart Mill

No es nuevo el uso de la frase: proyecto de impacto social, solo que ahora, domina el espectro de lo que debe hacer o decir el perfil de una persona o empresa para que suene y resuene en el medio publicitario. “Hacer el bien, haciéndolo bien” es la consigna de los jóvenes emprendedores y la fuente de inspiración son los principales temas de preocupación mundial.

Hambre, pobreza extrema, escasez de agua potable, migraciones, contaminación y degradación ambiental, extinción de especies, marginación y vulnerabilidad de personas por su raza, aspecto, genero, preferencia, etc., y con sustentabilidad, entendida como “…la capacidad que tiene una sociedad para hacer un uso consciente y responsable de sus recursos, sin agotarlos o exceder su capacidad de renovación y sin comprometer el acceso a estos por parte de las generaciones futuras” se completa el cuadro de requisitos para pretender un proyecto de impacto social.

Suena bien, suena razonable, deseable, pensar antes de actuar; sin embargo, es importante la gestión y posterior evaluación del impacto social. Hacerlo, evitaría por ejemplo, que imaginemos que todo proyecto de reciclaje resulta positivo per se, ya que, según los expertos, en el agunos casos, es más caro en todo sentido, la reutilización de materiales y residuos que su eliminación por otros medios. En otra forma de impacto social cuestionable estaría el desbordado uso y explotación de valores étnicos.

Los empresarios de la moda, lejos de pretender impacto positivo para las comunidades, copian, roban, replican, desvirtúan valores culturales con significados propios de un grupo en específico, poniendo en el mercado productos cuyo uso temporal no produce casi ningún beneficio para los verdaderos dueños de esa simbología, de esa cultura. La tendencia étnica a nivel mundial, nos hace usar prendas, accesorios, piezas de joyería, muebles, telas con motivos cuyo significado no entendemos, ni respetamos.

Con pros y contras, el impacto social genera entre los jóvenes una motivación plausible, además de la satisfacción de publicar en las redes sociales cada acción positiva, donde se muestran ayudando en comunidades vulnerables, rescatando cachorros, construyendo casas de emergencia o compartiendo alimento, ropa, etc., el punto es crear tendencia. Aunque seguramente habrá casos, en los que se diluya el precepto y en el mejor de los escenarios represente un simple baño de pureza, el agregar a la misión de empresas personales, públicas y privadas, el mentado objetivo.

Visto desde otra perspectiva, el hombre desde que existe, impacta continuamente su entorno. El tiempo y la experiencia han mostrado que a veces para bien y otras tantas para mal. Lo que fue un impacto positivo en otro tiempo, hoy puede resultar inaceptable. Por ejemplo, cuando desaparecían bosques enteros para dar paso al suelo agrícola que permitiría producir más alimentos y en consecuencia disminuir los problemas de alimentación no se dimensionó el problema que provocaría la falta de zonas boscosas y selvas. Y así, cada tema tendría su estudio y análisis.

Con la goblalización, la información no puede ser más puntual, hay problemas que atañen a todo el planeta, y no se requiere ser el cerebro de un gran proyecto de impacto para saber qué cada individuo está obligado a cambiar el impacto de su presencia. De golpe y porrazo.