¿Cómo pueden las Organizaciones de la Sociedad Civil alcanzar la Educación de Calidad?

Comunidad de Organizaciones Civiles

¿Cómo pueden las Organizaciones de la Sociedad Civil alcanzar la Educación de Calidad?

Joe Barcala

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Hay un problema serio cuando se trata de entender qué es Educación de Calidad: la definición. Para algunos, la calidad es pizarrones multimedia, para otros, los programas; más allá están quienes impulsan la lectura y establecen bibliotecas o aquellos que piensan en un trabajo social con los padres de familia inmiscuidos en el ámbito escolar.

Dos áreas educativas

Si cada OSC (Organizaciones de la Sociedad Civil) tira la cuerda para el lugar en donde ellos se encuentran, el resultado será partir en pedazos la educación por motivos ideológicos. Para colmo de males, si queremos partir de la historia de la educación escolar, terminaremos en dos áreas: aquellas escuelas que fueron creadas por la revolución industrial, esperando que los futuros empleados aprendieran a leer, a escribir, lavarse los dientes y peinarse, con el fin monetario de las empresas.

También están las escuelas religiosas como la que inspiró San Juan Bautista de la Salle, donde lo principal era enseñar a orar a los niños. Entre otras enseñanzas estaban la disciplina, la obediencia a la autoridad, el cumplimiento de deberes, etc.

Esas dos áreas no nos permiten encontrar a fondo la misión educativa, pues sus misiones no están enfocadas a facilitar el conocimiento amplio y profundo de las ciencias a los educandos, su crecimiento crítico, la solución de problemas sociales, entre otras; ellos se enfocan en su objetivo que es facilitar mano de obra a las industrias o crear soldados de Dios.

Definir la misión de la educación

Hoy el mundo se maravilla de los logros educativos de las escuelas de Finlandia. Allá, como se puede ver en diversos documentales disponibles en internet, han encontrado una fórmula de características sorprendentes: los niños no tienen tareas para casa, aprenden mucho y han logrado involucrar a los padres de familia.

Son escuelas laicas, enfocadas al desarrollo integral de los estudiantes, gratuitas (pagadas por el estado) y los resultados son, principalmente, niños y jóvenes felices, preparados para la vida, conocedores de su entorno, capaces de medir, evaluar e investigar la realidad de modo metodológico científico.

Si todo el mundo admira su modelo, quizá debiéramos definir a la Educación de Calidad con esas características. Debemos acabar con el modelo de obediencia per sé, en el que el conocimiento queda sesgado, la cultura local minimizada, agredida. Hay que terminar con los modelos conductistas en los que más parece que se está amaestrando a los niños y jóvenes que enseñándoles o, más bien dicho, facilitándoles el conocimiento.

Cambiar el papel del maestro por el de facilitador

Todos tenemos en mente al histórico catedrático o maestro tradicional que imparte sus materias ignorando a sus alumnos, manteniéndoles en silencio, casi castigados, en posiciones incómodas y como meros espectadores de la personalidad excéntrica de sus profesores.

Eso debe cambiar. Un maestro debe convertirse en facilitador del conocimiento, procurando que sus alumnos participen en las actividades que les permitan a ellos mismos, encontrar los aprendizajes que requieren. Mesas de trabajo y discusión donde los alumnos analizan, critican, debaten, discurren y proponen sobre la solución de problemas establecidos por el docente.

Educar es guiar, acompañar, aclarar. De ese modo, los alumnos, cuando tienen dudas e interés, tendrán a la figura perfecta para ampliar sus ideas, no imponerlas; crear nuevas preguntas, no dar respuestas.

El papel de algunas OSC en la educación

La mayor parte del sistema educativo mexicano y mundial está enfocado en la educación masiva tradicional, esa que amaestra jóvenes en lugar de educarlos. Incluye, desafortunadamente, a muchas organizaciones que pretenden preservar el modelo, no mejorarlo, no criticarlo. Incluso les facilitan recursos desde sus fundaciones para mantener la idea, acrecentarla en sus alcances.

Si de raíz está mal la educación, cualquier esfuerzo como la evaluación, la implementación de reformas que giren en torno a la idea de establecer programas de estudio de la misma naturaleza original, que pretendan seguir evaluando a los muchachos o los maestros con medallas, como la competitividad que exigen las industrias y empresas, no tendremos, de esa manera, una solución al problema real.

Lo que debemos promover

Como organizaciones sociales, nuestro enfoque debe estar, primeramente, en el cambio de paradigma. Quizá Montessori tenía más claro el punto, aunque el problema de ese sistema radica en que el mundo no está preparado para eso. Los muchachos deben aprender a pagar sus deudas, a obedecer las leyes, a ver la literatura de modo superficial.

El proceso de cambio va a ser largo y, lamentablemente, costoso. Si en la transición seguimos produciendo animales amaestrados por el conductismo, seguiremos creando actores sociales con la misma problemática de niveles deficientes, capaces de traicionar sus valores ante la corrupción o peor aún, volviéndose criminales porque el valor consumista exige competitividad económica que, obviamente, no todos pueden alcanzar.

Fomentar la crítica, el análisis, la filosofía, la sociología como parte del quehacer cotidiano del ser humano, nos generará adultos responsables, conscientes, respetuosos, creativos, disciplinados. Ellos mismos, producto de la buena formación, podrán redefinir los derroteros, aunque cambien las condiciones sociales. No será necesario que extiendan sus estudios para adaptarse, porque serán personas capaces de investigar las causas y proponer soluciones a cualquier problema que enfrenten.