Las emociones que inspiran a un líder social

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Joe Barcala

Me encanta la magia de la imaginación que me permite recorrer el mundo, los rincones de la inteligencia y las infinitas posibilidades del universo mismo. Te invito a visitar mi blog: www.JoeBarcala.com

Un líder es el que sabe, aquel que lleva la batuta, una persona que dedica su tiempo a pensar y repensar estrategias para lograr que otros luchen en busca de un objetivo. Alguien comprometido con su entorno y el futuro, capaz de crear mundos que los demás no han visto todavía y quien lucha incansablemente en dibujar el camino que los demás habrán de seguir.

Michael Foucault vio todo eso y lo concentró en un término que, sin lugar a dudas, contiene los secretos de un buen líder. ¿Cuál esa palabra? En un momento lo sabrás.

El líder y su capacidad predictiva

Antes que nada, debemos entender que el líder es, ante todo, un visionario. Puede ver el futuro. Sí, y mucho mejor que un adivino, un psíquico o un lector de cartas de tarot, porque en realidad, conoce las vías para alcanzar una meta y no sueña con fantasías inalcanzables, con sueños utópicos, con metas insostenibles.

Como un arquitecto, posee las habilidades necesarias para pintar una casa mucho antes que exista en la vida real; pero, a diferencia de los adivinos de la superchería, él conoce los alcances de esos dibujos y planos arquitectónicos: sabe pesos de los materiales y su resistencia. Domina la ciencia de los sismos y terremotos, su poder destructivo, la cantidad de bultos de cemento y el grosor adecuado de una varilla.

El constructor puede no necesitar mojarse las manos para elaborar la mezcla de una argamasa, pero sabe bien liderear al grupo de maestros y albañiles que pondrán un volado muy pesado que soportará el techo con varios pisos encima. Así, el líder, es capaz de detectar las fortalezas y debilidades de los integrantes de una organización social cualquiera y sabrá llevarla por la ruta más rápida y eficiente, alcanzando la meta en el menor tiempo posible y con grandes resultados.

Las emociones

Cierto es que un líder trabaja sus propias emociones, las controla, no estalla en ira o abusa de un romanticismo pernicioso en el que muchos terminan hundidos por creer más allá de lo alcanzable, por soñar con demasía, dejándose acongojar también por los fracasos. El líder es sumamente equilibrado al trabajar con las emociones propias y, desde luego, detonar las de sus seguidores.

Michael Foucault, filósofo francés, distinguió una característica basada en el lenguaje, que facilita el movimiento de masas de cualquier líder, la llamó “discurso”. En el entendido superficial de esa palabra, está la mitad del secreto: quizá un “rollo” mareador, un monumental argumento que orilla a los demás, a moverse.

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Pero esa es sólo la mitad de su conceptualización teórica. Foucault quería dar a entender, a lo largo de diferentes obras publicadas, que el discurso es la evocación de un sueño, uno alcanzable, perfectamente posible y que basta con enunciarlo de la forma más profesional posible, pensado y repensado, congruente, coherente, definido hasta en sus más mínimas aristas, como dicho discurso se puede convertir en la concreción de un futuro soñado.

El sueño de Bolívar

Un sueño que puede volverse realidad, para el bien y también para el mal. Simón Bolívar, el Libertador, soñó con una América unificada. Logró que 5 países alcanzaran su independencia de España y formaron todos ellos, parte de su gran sueño. Hubo un momento que 4 de los 5 fueran parte de un mismo país: Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú. Bolivia quedó fuera porque fueron liberados por uno de sus amigos: Sucre. Hay que entender que Panamá no existía como país y que, de algún modo, pertenecía a la entonces conocida como Cundinamarca, donde se unía Colombia y parte de Venezuela también.

Hitler y su discurso

El sueño de Hitler de crear una raza Aria, por su parte, le llevó a cometer enormes injusticias, pero de todos es conocido el poder de su discurso. ¿Qué decir de Napoleón? Él buscaba formar un solo país con todo el territorio europeo.

El discurso en Chile

Un ejemplo del poder del discurso fue Chile, en 1988, cuando el dictador Augusto Pinochet aceptó un plebiscito y gracias a una campaña publicitaria por el NO, alcanzaron derrocarlo en pocos meses.

 

El líder sabe bien cómo será ese futuro y sabe dibujar con su discurso en la mente de sus seguidores las cualidades principales, incluso, si lo llega a reconocer, puede ocultar el daño posible.

Crear un organización social, una asociación civil, un grupo con metas claras y objetivos loables, que cuente con un gran número de voluntarios, es tarea de un gran líder, capaz de imaginar los alcances y con su discurso emotivo y sólido, lograr que se concrete. En SocialLink estamos para fomentar esas cualidades.

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